Ruiz asume el cargo en reemplazo del general Freddy Martínez, quien presentó su renuncia tras las protestas de ayer de la Policía Nacional. El general aseguró que su primera tarea será normalizar los servicios de la institución.
Martínez dijo en una rueda de prensa que sospecha que en las protestas de los policías hubo infiltrados externos.
"Ayer fue un día lamentable, crítico, caótico. Hubo desorden por doquier, se irrespetó al comandante general, al ministro del Interior y, por si fuera poco, al presidente de la república. Los policías, que estamos llamados a mantener el orden y la tranquilidad ciudadana, ayer provocamos desorden", dijo.
Con el presidente "sano y salvo" en el palacio de Cadondelet, sede del Ejecutivo, "es el momento oportuno" para presentar la renuncia, dijo Martínez.
"Debo lamentar que en la salida del presidente hubo como resultado policías muertos, heridos, posiblemente habrá militares también que están heridos", señaló sin dar cifras.
Tenso ambiente
El ambiente es tenso tras la crisis desatada por una sublevación de policías que tuvieron retenido al presidente Rafael Correa, quien consideró los hechos un intento de golpe de Estado.

Además, en las inmediaciones del palacio presidencial hay decenas de seguidores del jefe de Estado, quien fue rescatado anoche por fuerzas especiales del Ejército y la Policía de un hospital donde quedó atrapado en medio de las protestas de policías, a las que sumaron algunos militares, contra una ley que consideran dañina para sus intereses.La luz del día dejó ver los daños en el hospital de la policía de donde fue rescatado Correa: puertas rotas, sillas destruidas, agujeros de impactos de bala en ventanas, paredes y espacios de trabajo, y manchas de sangre por todos lados, huellas del enfrentamiento entre los efectivos de los grupos especiales militares y los policías sublevados.
El piso de la entrada al hospital está totalmente cubierto de pequeños pedazos de vidrio, al igual que otras zonas del hospital, donde muchas personas dicen haber pasado "por una las peores experiencias" de sus vidas, según revelaron a la agencia de noticias Efe.
Una de las empleadas del hospital le reclamó a la imagen de un niño Jesús que da la bienvenida a los visitantes por considerar que "no cuidó" el edificio, en tanto que la recepcionista le agradecía por haberlos salvado de lo que pudo ser una tragedia.
El olor a gas lacrimógeno permanece en el hospital y todavía afecta a los ojos y la nariz incluso varias horas después de que terminara el enfrentamiento que, según la Cruz Roja, dejó dos fallecidos.
Al sitio llegó un sacerdote ofreciendo sus oficios en medio de corredores que presentaban orificios de bala y manchas de sangre.
Testigos señalaron que, pese a la magnitud del tiroteo escuchado durante el rescate de Correa, el edificio no estaba tan destruido como se supondría, por lo que especulaban que tal vez la orden que tenían los militares era disparar al aire.
Sin embargo, otros terciaban asegurando que sí se disparó a gente y por ello hay heridos, que Correa cifró en 27 sólo entre las fuerzas que lo rescataron.
Testigos señalaron que, pese a la magnitud del tiroteo escuchado durante el rescate de Correa, el edificio no estaba tan destruido como se supondría, por lo que especulaban que tal vez la orden que tenían los militares era disparar al aire.
Sin embargo, otros terciaban asegurando que sí se disparó a gente y por ello hay heridos, que Correa cifró en 27 sólo entre las fuerzas que lo rescataron.
El rescate
En un espectacular operativo la noche del jueves, el mandatario ecuatoriano fue liberado por fuerzas especiales que enfrentaron a sangre y fuego la resistencia de la Policía que custodiaba el hospital donde se atrincheró.
De nuevo, como hacía más de cinco años no sucedía, el Ecuador se enfrentó el jueves a la pesadilla recurrente de la ruptura democrática, del caos y de la ruina institucional. Pero, contrario, a lo que habitualmente pasaba en este país, el presidente Rafael Correa resistió el levantamiento de sectores de la policía, regresó triunfal al palacio presidencial de Carondelet tras un rescate cinematográfico y, desde allí, agradeció el apoyo de los ciudadanos.
"Nunca pensé que este, el día más triste de mi vida, fuera a suceder durante mi gobierno. Por eso pido un "profundo minuto silencio", dijo entre lágrimas a la multitud.
Correa culpó de los disturbios a la oposición y en especial al ex presidente Lucio Gutiérrez. Según el mandatario, Gutiérrez quería someter a Ecuador a un baño de sangre.
"Tenían las ametralladoras, ustedes saben que yo no me asusto fácil, y si me asusto controlo ese temor natural. Pero créanme que cuando fui liberado y me dijeron que hay un policía caído se me salieron las lágrimas, no de miedo, sino de tristeza, de ver cómo se derramaba sangre ecuatoriana, sangre de hermanos".
"Aquí no habrá perdón ni olvido", señaló el mandatario
De nuevo, como hacía más de cinco años no sucedía, el Ecuador se enfrentó el jueves a la pesadilla recurrente de la ruptura democrática, del caos y de la ruina institucional. Pero, contrario, a lo que habitualmente pasaba en este país, el presidente Rafael Correa resistió el levantamiento de sectores de la policía, regresó triunfal al palacio presidencial de Carondelet tras un rescate cinematográfico y, desde allí, agradeció el apoyo de los ciudadanos.
"Nunca pensé que este, el día más triste de mi vida, fuera a suceder durante mi gobierno. Por eso pido un "profundo minuto silencio", dijo entre lágrimas a la multitud.
Correa culpó de los disturbios a la oposición y en especial al ex presidente Lucio Gutiérrez. Según el mandatario, Gutiérrez quería someter a Ecuador a un baño de sangre.
"Tenían las ametralladoras, ustedes saben que yo no me asusto fácil, y si me asusto controlo ese temor natural. Pero créanme que cuando fui liberado y me dijeron que hay un policía caído se me salieron las lágrimas, no de miedo, sino de tristeza, de ver cómo se derramaba sangre ecuatoriana, sangre de hermanos".
"Aquí no habrá perdón ni olvido", señaló el mandatario
El Presidente, que había impuesto el estado de excepción, confirmó que los policías implicados en la sublevación serán castigados: "Por eso más que nunca vamos a sacar a estos vendepatrias y a sacar la patria adelante. No habrá perdón ni olvido".
Correa defendió la ley que desató los disturbios y negó que afectara a los policías.
Mientras esto sucedía, y frente a la plaza que da a Carondelet, miles de personas gritaban "¡Lucio, Lucio asesino!", en relación al derrocado ex presidente Lucio Gutiérrez, a quien señalan de ser el autor intelectual de este levantamiento: "Allá estaban infiltrados los de Lucio, azuzando, incitando a la violencia", dijo Correa.
Desde Brasilia, donde se encuentra, Gutiérrez negó su participación y dijo a EL TIEMPO que lo que había sucedido no era más que un "autogolpe de Correa para gobernar desde la dictadura".
El caos
Una mañanera protesta de la policía por una ley que supuestamente les quita bonificaciones económicas terminó ayer con el presidente Correa 'atrincherado' en un hospital, cercado por fuerzas policiales, denunciando a viva voz un intento de golpe de Estado y luego rescatado en un espectacular operativo.
La imagen del Presidente inerme llevado en brazos hacia el hospital de la Policía, aturdido por las detonaciones de gases lacrimógenos a su paso, fue rápidamente remplazada por la de un mandatario que fue rescatado a sangre y fuego del hospital que le había servido de refugio tras un intenso tiroteo con los policías que se resistían al asalto.
Fue el corolario de días de fuertes tensiones en las que el mandatario ha sostenido intensos pulsos con el congreso, con los estudiantes y con otros sectores que han cuestionado sus políticas.
A la voz de golpe de Estado, la comunidad internacional se manifestó de forma unánime en contra de cualquier alteración del orden democrático, desde Estados Unidos hasta la Argentina, pasando por la institucionalidad hemisférica de la OEA, la Unasur y la CAN, y organismos como la Unión Europea y la ONU entre otros.
De la misma forma, la cúpula militar y policial le confirmó su respaldo.
El sueño de los ecuatorianos se alteró muy temprano. El personal del Regimiento Quito, principal cuartel operativo policial de la capital, amaneció tomado por el personal de tropa que reclamaba mejoras económicas. Lo que a las 6 de la mañana se inició como una protesta de decenas de uniformados, con el transcurso de las horas se tornó en un movimiento que se fue tomando las calles de la capital.
Policías tirapiedras
Policías quemando llantas en las calles, obstruyendo el tráfico vehicular y gritando consignas callejeras se registraban en varias provincias del país, mientras un grupo de militares contagiados por las protestas se tomaron la Base Aérea provocando el cierre de los aeropuertos de Quito, Manta y Guayaquil.
Alertado, Correa acudió hasta el cuartel policial para explicar las reformas, pero fue recibido por una andanada de rechiflas que al final lo sacaron de cabales. Indignado, deshizo el nudo de su corbata, abrió su camisa, mostró el pecho y gritó. "Señores, si quieren matar al Presidente aquí está, mátenlo si les da la gana, mátenlo si tienen poder, mátenme si tienen valor, pero seguiremos con una sola política de justicia y dignidad".
El discurso de Correa encendió los ánimos de los uniformados: "Jamás pensamos que el presidente vendría a ofendernos. Esperábamos que nos explicara y atendiera nuestro pedido porque también somos ecuatorianos", señaló a EL TIEMPO un joven policía.
La seguridad no pudo controlar la situación y al salir, un Presidente ahogado por los lacrimógenos fue evacuado hacia el hospital de la Policía, contiguo al cuartel de los sublevados. Allí denunció que se sentía secuestrado y que su vida corría "peligro".
Fueron largas horas, pero pasadas las 9:00 p.m., el operativo militar lo llevó triunfante ante sus seguidores.
El Gobierno no descarta la 'muerte cruzada'
La crisis de ayer es el episodio más grave de varias semanas de tensiones del gobierno del presidente Rafael Correa con distintos sectores del país, particularmente con el congreso, lo que llevó a que el mandatario amenazara con aplicar la 'muerte cruzada', una norma que permite disolver la Asamblea Nacional y obligar a la convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas.
El anuncio ya lo había hecho el pasado miércoles "para bloquear el boicot de la oposición legislativa" que no permite la aprobación de leyes consideradas vitales para la nueva estructura constitucional del Ecuador.
El oficialismo, que con aliados políticos contó con una mayoría que le facilitó el trabajo legislativo, ha ido perdiendo curules a su favor y enfrentando dificultades para aprobar leyes consideradas clave.
La falta de consensos provocó en las últimas dos semanas protestas de maestros, servidores públicos, estudiantes universitarios, gremios profesionales y de otros sectores.
La falta de consensos provocó en las últimas dos semanas protestas de maestros, servidores públicos, estudiantes universitarios, gremios profesionales y de otros sectores.
Según el artículo 148 de la Constitución vigente, "el presidente de la República podrá disolver la Asamblea Nacional cuando, a su juicio, ésta se hubiera arrogado funciones que no le competan constitucionalmente, previo dictamen favorable de la Corte Constitucional". El artículo le faculta también esta aplicación si la Asamblea "de forma reiterada e injustificada obstruye la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo, o por grave crisis política y conmoción interna".
Esta facultad podrá ser ejercida por una sola vez en los tres primeros años de su mandato.
En un plazo máximo de siete días después de la publicación del decreto de disolución, el Consejo Nacional Electoral convocará para una misma fecha a elecciones legislativas y presidenciales para el resto de los respectivos periodos.
Apoyo del presidente Juan Manuel Santos
En pleno vuelo a Cartagena, donde tenía previsto participar en un encuentro con comisionistas de bolsa, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ordenó a su piloto regresar a Bogotá, a eso de las 2:25 minutos de la tarde, para hacer una escala técnica y seguir luego a Buenos Aires (Argentina), a fin de participar en la cumbre extraordinaria de Unasur, citada para tratar la crisis en Ecuador.
Desde el avión presidencial Santos telefoneó al presidente Rafael Correa para manifestarle su apoyo, y también al jefe de Estado de Perú, Alan García, con quien acordó el cierre de las fronteras de las dos naciones con Ecuador, como muestra de apoyo al gobierno de Quito.
"Queremos darle pleno respaldo al presidente Correa, que fue el Presidente elegido por el pueblo ecuatoriano como Presidente constitucional y democrático de esa hermana nación", afirmó Santos tras descender del avión, en Bogotá.
Santos tenía previsto arribar a la medianoche de ayer a Buenos Aires, donde permanecería hasta el final de la reunión de mandatarios de Unasur. Su regreso al país está previsto después del mediodía de hoy.
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